La torre sumergida (2009)

Prólogo
Acompañada entonces y ahora por los versos de T. S. Eliot, de Anna Ajmátova, de Constantinos Cavafis (no descuidemos la filiación hispánica: Guillermo Carnero, Pere Gimferrer, Jaime Gil de Biedma), su voz se ejercita en no perderse a sí misma en esa explosión de circunstancias.
Así lo leemos en este libro: “Escribo sólo para retenerme”. Y constatamos que lo hace con una técnica retenida, si entendemos por ello el espacio entre recatada y contenida.

Recatada porque no acude a las metáforas desaforadas, a los adjetivos estridentes.Contenida porque no se diluye en frases largas, como quien discurre, sino que se abrevia en asomos, como quien piensa:

El símbolo permanece tras el sueño
La palabra no aprehenderá la imagen
Pero acaso resucite el significado
                                                                      Juan José de Narváez

Poemas

 V
Te refugias en el resquicio del día
Y te da miedo moverte
Pues hay que estar inmóvil
Para escuchar el aire el sonido del tiempo
Para escuchar los ladridos de los perros
El abrir y cerrar de puertas

Y muy cerca de tu oído la sordomuda muerte

Combates con la locura
Y piensas que es posible aún

Cierta aspiración al equilibrio

Al borde de las piscinas
En los veranos y en el invierno
Miras los rayos de sol sobre la piedra

La línea de sombra

Y esa arruga en la comisura de los labios
Y esa arruga peor en lo más hondo de tu pecho
Mientras tus manos templan

La dura cuerda del equilibrista

                                                               (de Esa vaga fractura)

 Un hilo de música

Besar con los ojos muy cerrados
Como si no existieran la distancia ni el otro

Sólo hay uno sin espacio y sin tiempo

Dan ganas de olvidarse de sí mismo
Perderse para siempre en un abrazo

Sin recobrar la conciencia

Quisiera imaginar aunque sólo sea un instante
Que sientes ahora un hilo de música

De sombra que atraviesa tu cuerpo

Y congela tu corazón en ese momento
Cercano al miedo de estar solo

Y al miedo peor de estar con otro

                                                                  (de Un duro rival)

 Los dibujos del aire

Aprender serenamente los dibujos del aire
Las imágenes rescatadas del sueño
Los dictados secretos de la música

El vuelo del pájaro

Fluir con el agua
Y en las hojas simples de la higuera

Y en el agua adivinar los círculos del sol

Coronada de silencios la tarde

Desciende y se oculta

Pájaro que vuelves para proyectar tu divinidad
Despiértame a la mañana
Entrégame el mensaje de ese mundo vedado

Descíframe en tu plumaje los colores de esta vida

Para aprender de tu sagrado linaje

La unión con el cielo y todos los tiempos

Para aprender con tu canto otro lenguaje

Y con tu vuelo la esencia que aguarda callada en mi ser

                                                                               (de Un duro rival)

III

Ahora ni siquiera te acompañan el tormento o la pena
Niño que huyes para abrir las heridas de lo que no fuimos
De lo que nunca seremos

Esa vaga fractura de existir

¿Quién eres tú transeúnte de todas las orillas?
Incapaz de asumir el desarraigo
Ajeno a lo que más deseas

Perseguido por el tiempo

Hay un caracol sobre el vidrio de tu ventana

Cómplice de tus visiones

Cae la noche húmeda
Como piedra en tu boca

Cierra los ojos y siente cómo la voz no te alcanza

                                                                                           (de Esa vaga fractura)